Plaza Dam – Casa de Ana Frank – Museo Madame Tussaud – Mercado de Flores – Casa de Rembrandt – Barrio Rojo

Desayunamos temprano en nuestro hotel y en poco tiempo ya estamos cogiendo de nuevo un tranvía que nos conduce al centro neurálgico de la ciudad. Comenzamos el día situándonos en la Plaza Dam, quizás la plaza más importante de Ámsterdam, la cual marca el punto donde antiguamente se encontraba la primera presa del río Ámstel. En su centro, en forma de obelisco, se encuentra el Monumento Nacional a los soldados holandeses caídos en la Segunda Guerra Mundial. A su alrededor, el Palacio Real y el Museo Madame Tussaud, que visitaremos más tarde.

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Rafael y Victoria en la Plaza Dam

Como podéis comprobar en las fotos, cada vez nos apretujábamos más para salir en las fotos, y es que el viento helado que corría era endemoniado. Así al menos, bien apretujaditos, entrábamos en calor…

Muy cerca de la Plaza Dam se encuentra una de las iglesias más importantes de la ciudad, la Nieuwe Kerk (entrada 8€ por adulto). Su construcción en el siglo XV vino motivada porque en la otra gran iglesia de la ciudad, la Oude Kerk, cada vez había menos espacio para los fieles. La Nieuwe Kerk (iglesia nueva, en español) no resulta demasiado impresionante, ni por fuera ni por dentro, sin embargo ha presenciado las bodas reales y la coronación de los monarcas holandeses desde el año 1814, de modo que decidimos entrar a visitarla.

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Victoria y Alicia delante de la Nieuwe Kerk
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Alrededores de la Nieuwe Kerk

Como hemos dicho, volveremos a la Plaza Dam más tarde para visitar el Museo Madame Tussaud, ahora nos dirigimos a uno de esos lugares que ponen los pelos de punta, concretamente al canal Prinsengracht n° 263. Ayer estuvimos en los dos grandes museos de arte de Ámsterdam, el Vang Gogh Museum y el Rijksmuseum, pero qué duda cabe que a los amantes de la historia y de la Segunda Guerra Mundial les interesará mucho más la Casa-museo de Ana Frank (Annefrankhuis), la niña judía que, gracias a su Diario, se convirtió en todo un símbolo de resistencia contra la opresión del sinsentido.

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Estatua de Ana Frank, cerca de la casa-museo

Otto y Edith, los padres de Ana, habían decidido abandonar Alemania ante el creciente antisemitismo impuesto por Hitler que poco a poco iba invadiendo todo el país. Al llegar a Holanda la familia inició una nueva vida llena de esperanza, hasta que en 1940 la Alemania nazi invade el país. Otto decide entonces preparar un escondite en la parte de detrás del edificio donde tenía su fábrica. El 5 de julio de 1942 llega una citación para Margot Frank, la hermana de Ana, para que se presente en un campo de trabajo en Alemania. Al día siguiente, la familia Frank pasa a la clandestinidad. Una semana más tarde se agrega la familia Van Pels y, en noviembre de 1942, llega el dentista Fritz Pfeffer. Estas ocho personas permanecerán escondidos durante más de dos años en esta casa de atrás, en unas durísimas condiciones alimentarias, de aislamiento y silencio forzado. Allí escribió Ana su famoso Diario, como una especie de auto-arteterapia que le ayudaba a soportar las largas horas de aquel calvario.

El 4 de agosto de 1944, los escondidos fueron descubiertos, arrestados y conducidos a campos de concentración. Ana murió en el campo de Bergen-Belsen en marzo de 1945, muy pocas semanas antes de la liberación. El único superviviente de esas ocho personas fue su padre, Otto, quien publicó el libro de su hija cuando regresó a la ciudad.

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Fachada de la Casa-museo Ana Frank

La visita de la casa (entrada 9€ por adulto), sobretodo de la parte de atrás donde ellos estuvieron escondidos durante tanto tiempo, es sobrecogedora. Es toda una experiencia traspasar la puerta secreta, pasar por las mismas habitaciones en las que vivieron todos ellos y sentir en las propias carnes esa misma atmósfera opresiva. Es una auténtica pena no poder sacar fotos en el interior. En nuestra opinión, en definitiva, una visita absolutamente imprescindible.

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Alrededores de la Casa-museo de Ana Frank
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Alrededores de la Casa-museo de Ana Frank

Recorrer las calles de Ámsterdam sin rumbo fijo es una auténtica delicia, la ciudad está plagada de canales y de casas florantes que hacen las delicias de esas personas que sueñan con vivir algún día sobre el agua.

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Se calcula que existen más de 2.500 de estas viviendas en Ámsterdam.

Esta vez sí, era hora de entrar en el Museo Madame Tussaud. Y es que nos encaprichamos un poco, lo reconocemos, pero pasamos un rato agradable haciéndonos fotos con Michael Jackson, Jack Sparrow o el Papa Benedicto XVI. Casualmente la figura de cera de este último era de lejos la que estaba mejor hecha de todas, quizás por eso mismo se encontraba en el escaparate atrayendo a incautos como nosotros para que pagaran la entrada. En fin, algunas figuras bastante logradas, otras no tanto… Tal y como suele ocurrir en estos casos. Pasamos un rato entretenido… ¡y el padre de Rafa tuvo la oportunidad de tocarle el culo a Jennifer López y a Beyoncé!

El estómago ya nos estaba avisando de que era de comer así que de camino al centro encontramos un pequeño establecimiento de comida oriental regentado por una simpática mujer china. Siempre la recordaremos con una sonrisa en los labios pues, al preguntarle qué tipo de carne era lo que estábamos comiendo, ella gritó: “¡coooochino!”. Y no lo gritó una sola vez, ¡sino varias veces!

Nuestra siguiente parada es el Mercado de las Flores, el lugar preferido no solo por los turistas para comprar tulipanes de todos los colores y semillas de plantas muy variadas, sino también por los propios amsterdaneses.

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Mercado de las Flores, dispuesto en plataformas y barcazas flotantes

Hoy en día se trata de un mercado flotante, ya que está dispuesto en plataformas y barcazas muy bien sujetas al borde del Canal Singel. Es muy curioso recorrerlo entero de punta a punta y un placer para los sentidos. La madre de Rafa, Victoria, no dudó en comprar un puñado de semillas de tulipán, la planta preferida de los neerlandeses.

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Mercado de las Flores

Encontrándose Rafa en Ámsterdam, no podía dejar escapar la oportunidad de visitar la Casa de Rembrandt (Rembrandthuis) y claro está, arrastró a toda la familia con él. Rembrandt van Rijn, uno de los artistas más importantes de todos los tiempos, compró esta casa (entrada 13€ por adulto) en 1639 cuando era un pinto de éxito. Vivió en ella hasta 1656, año en que se declaró en quiebra debido a las numerosas deudas que tenía y fueron subastados todos los objetos valiosos de la casa.

Durante la visita uno puede recorrer las distintas plantas de la casa con una audioguía en cualquier idioma. Independientemente de si eres o no un fanático de la obra de este artista holandés, merece mucho la pena entrar en una casa del siglo XVII que ha sido restaurada con muebles de época, como si el mismísimo Rembrandt pudiera aparecer en cualquier momento de detrás de alguna puerta. Entre lo que se puede visitar, está el taller del propio pintor, donde creó algunas de sus grandes obras maestras, su habitación y una sala donde se recogen algunos de los objetos originales que utilizó para sus cuadros. El aspecto sin duda más interesante de la casa-museo es poder disfrutar de una demostración en vivo de preparación de pigmentos naturales o de creación de un grabado por parte de uno de los monitores de la institución. ¡Rafa estaba en su salsa! Lamentamos mucho nuevamente el hecho de no haber podido hacer fotos en el interior.

Salimos del mundo particular del artista más importante del barroco neerlandés y nos dirigimos a uno de los barrios más peculiares de Ámsterdam, de una fama más que merecida en todo el mundo. Pasamos antes por la Plaza Rembrandt (Rembrandtplein), donde volvemos a encontrarnos con el insigne personaje.

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Rembrandtplein

Llegamos al fin al Barrio Rojo, en pleno centro. Está repleto de neones de colores y de escaparates donde las mujeres que se dedican al trabajo más antiguo del mundo muestran sus encantos a los viandantes. Adentrarse en este barrio es absolutamente inevitable, también para nosotros, que nos dimos una vuelta medio atónitos, medio avergonzados, pero este es el encanto de uno de los países más liberales del mundo, donde la prostitución es legal desde 1911. De hecho está tan controlado el tema que está prohibido hacer fotos a los escaparates y en general en toda la zona roja. Curioso, algo realmente curioso…

Regresamos al hotel, parando en el mismo restaurante de ayer para cenar. ¡El mismo pollo empanado y las mismas deliciosas patatas fritas!

Mañana nos espera una excursión que hemos contratado hoy en una de las muchas agencias que ofrecen viajes en autocar a tres localidades próximas, Zaanse Schans, Volendam y Edam. ¡Tenemos que levantarnos pronto para estar a las 10 delante de la puerta de la agencia para que nos vengan a recoger!

Pero eso será mañana… ¡Buenas noches!

SIGUIENTE ETAPA. DÍA 3