Herrenchiemsee – Campo de concentración de Dachau

Despertamos nuestro último día en nuestra casita austriaca, y con mucha pena hacemos las maletas dispuestos a disfrutar del día al máximo. Para nuestro último día nos habíamos reservado otro plato fuerte, el tercer y último de los palacios diseñados por Ludwig II. Si recordáis ya habíamos visitado Neuschwanstein y Linderhof, y quedaba por admirar el espléndido Palacio de Herrenchiemsee, situado en una pequeña isla en medio del lago Chiemsee. A continuación os mostramos el recorrido de hoy:

Itinerario

Una vez en el coche, y tras una hora y media de camino llegamos al pueblo de Prien, de donde parten los ferrys para visitar diversos rincones del lago Chiemsee, entre ellos la isla donde se ubica el palacio del rey. Como os podéis imaginar el hecho de tener que coger un ferry para visitar esta obra ya resulta suficientemente atractivo y uno puede entender perfectamente, dada su ubicación, el deseo cada vez más pronunciado por parte del monarca de aislarse del mundo exterior. Allí, en medio de una isla se construyó su propia versión de Versailles.

Dejamos el coche en uno de los aparcamientos y pagamos el ticket del ferry. El paseo, de unos quince minutos de duración, resulta muy agradable y más teniendo en cuenta que hoy sí hacía un día soleado.

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Ferry a Herrenchiemsee
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Llegando al embarcadero de la isla

Desembarcamos y como todavía teníamos el Königsschlösser Ticket, solo tuvimos que canjearlo en la taquilla. Para llegar al palacio hay que dar otro agradable paseo a pie de quince minutos a través de un precioso sendero, el cual pudimos disfrutar casi en exclusiva.

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Sendero para llegar al Palacio
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De repente, después de infinidad de árboles, ¡aparece el palacio!

Como siempre te asignan una hora determinada para entrar con la visita guiada. Esta vez tampoco habían visitas en español, nuestro guía nos la hizo en inglés, pero puedes coger un folleto con toda la información en español. Como teníamos tiempo suficiente antes de la visita nos dispusimos a contemplar los jardines del palacio y las fuentes con tranquilidad.

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Palacio Herrenchiemsee
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Jardines del palacio
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Fuente central, al estilo de Louis XIV

Al llegar a la altura del palacio nos damos cuenta de que Herrenchiemsee es el mayor testimonio de la idealización del rey Louis XIV de Francia por parte de Ludwig II. Cualquier detalle recuerda al estilo arquitectónico de Versailles. Y es que el monarca apreciaba la tranquilidad de esta isla, era el lugar ideal para hacer realidad su proyecto más costoso. De hecho llegó a gastarse una buena parte del presupuesto del reino y muy pronto se quedó sin fondos para terminar su última gran obra.

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Entrada al palacio

Tampoco aquí nos permitieron sacar fotos del interior, esta gente los guardan como auténticos tesoros nacionales y no les falta razón. Posiblemente el interior de este palacio fue el que más nos sorprendió ya que sin duda es el más espléndido y ricamente ornamentado de los tres que habíamos visto. Quedamos con la boca abierta en cada una de las salas, a cual más impresionante, y con las explicaciones que nos daba el guía. Ludwig no había reparado en gastos para saciar su megalomanía.

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La única foto que pudimos hacer en el interior: el pavo real que preside el hall, símbolo personal del rey

Al salir decidimos coger otro camino de vuelta y así pudimos conocer la parte del jardín que se quedó sin terminar, aquel que albergaría el pequeño tramo de agua por donde circularía la barca personal del rey.

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Parte del jardín inacabada
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Regresando al embarcadero

Regresamos al embarcadero y cogemos el ferry de vuelta, no sin antes comprar algunos recuerdos en la tienda de souvenirs que hay justo al lado. Nuestro avión salía bastante tarde y aún eran las 14:00h, de modo que nos propusimos aprovechar al máximo el tiempo que aún nos quedaba. Y yo tenía la idea perfecta… Pobre Inma, iba a tocarle visitar otro campo de concentración…

 

EN ESTE PUNTO NUEVAMENTE ADVERTIMOS DE LA DUREZA DE ALGUNAS PALABRAS E IMÁGENES QUE SE MOSTRARÁN A CONTINUACIÓN.

El Campo de concentración de Dachau se encuentra solo a 20 Km de München y a muy poca distancia del aeropuerto, así que nos venía estupendamente pasar por allí antes de dar nuestro viaje por finalizado. Desde Prien, en otra hora y media nos plantamos en el pueblo de Dachau. Está de más comentar que yo estaba encantado con visitar otro campo, que además tiene muchísima importancia histórica pues se trata del primer campo de concentración que diseñaron los nazis. Dachau, inaugurado en 1933, sirvió de modelo a todos los que vinieron después. En su origen se instaló como campo de concentración para presos políticos, aunque con el paso del tiempo se convirtió también en un lugar de exterminio. Se calcula que más de 42.000 personas fallecieron aquí.
A diferencia del campo de Mauthausen, el de Dachau se encuentra dentro del mismo pueblo y no a las afueras. Sabíamos que teníamos muy poco tiempo antes de ir al aeropuerto, poco más de una hora para visitarlo, de modo que fue una visita relámpago. Nos habían dicho que este lugar se encontraba profundamente reformado, que aquello que se veía era en realidad una reconstrucción de lo que había. Sin embargo nos sorprendió muchísimo.

En la puerta de la entrada figura la conocidísima inscripción “El trabajo hace libre”, que ya pone los pelos de punta. Justo enfrente, aún pudimos ver un trozo de los railes de la antigua estación donde llegaba el tren con los presos. Nuevamente nos adentrábamos en un mundo de dolor y muerte.

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Puerta de entrada a Dachau

Justo delante de nosotros se abría el patio de revista, donde los presos formaban en filas, a veces durante horas. Si faltaba un preso, por ejemplo tras un intento de fuga, la tortura podía prolongarse por mucho tiempo. A nosotros nos pareció grande, grandísimo, como el resto del campo. Justo en el centro hoy puede verse un monumento internacional creado por Nandor Glid.

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Monumento de Glid en el inmenso patio de revista

En el lado derecho, el antiguo complejo de intendencia, hoy sala de exposición, archivo y sala de estudio. Detrás de este complejo, el lugar que sin duda más nos impresionó, la zona de calabozos, que consta de un larguísimo pasillo, con celdas a ambos lados. Inma tardó muy poco en volver a salir y yo me quedé sacando algunas fotos. De repente, me vi solo en aquel largo pasillo y mi cuerpo volvió a avisarme de que debía salir cuanto antes… Nunca antes había creído en la energía negativa, o en lo que fuera que sentí al verme allí solo… Solo hice caso a lo que mi instinto me decía.

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Zona de calabozos
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Pasillo de los calabozos

En el lado izquierdo del patio de revista, se encontraban las barracas de los presos. Solo se conservan los dos primeros barracones, los cuales nos había dicho nuestra amiga Vera que se tratan de reconstrucciones (aunque no por ello son menos impresionantes…). Del resto solo se conservan las marcas en el suelo en un enorme espacio sin fin.

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Entrada al barracón reconstruido
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Reconstrucción de los barracones

La calle central del campo con dos filas de álamos, plantados por los propios reclusos, se encontraba entre las barracas. Ésta era el lugar principal de encuentro para los presos durante sus pocas horas libres.

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Calle central
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Vista general del campo, con las marcas donde se situaban los barracones

Pasando el cercado del campo, que consistía en un foso con un alambrado eléctrico y un muro (y controlado desde siete torres de vigilancia), se encuentra el lugar más aterrador del lugar.

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Cercado del campo
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Caminando hacia los hornos crematorios

El lugar de los crematorios fue construido en verano de 1940 debido a que el número de presos había crecido mucho, posiblemente fue el primer crematorio construido por los nazis con el propósito de exterminar personas. Este sitio se encuentra fuera del recinto y como es lógico a él solo podían acceder las SS.

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Primer horno crematorio de Dachau

En 1943 fue construido un segundo crematorio más grande con 4 hornos de incineración y una cámara de gas para una matanza a gran escala.

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Segundo crematorio
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Hornos crematorios
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Entrada a la Brausebad (“ducha”)

Salimos de allí realmente impactados. No solo por las grandes dimensiones del campo, sino por el inmenso terror que desprende. En este último día habíamos visto un palacio del rey loco y un campo de concentración, justamente los dos motivos principales por los cuales habíamos decidido venir a Alemania y a Austria.

En solo 20 minutos habíamos llegado al aeropuerto, no sin antes pasar un mal rato con el coche ya que de repente se nos encendió la luz de la reserva. Ambos rezábamos en silencio para que no nos dejara tirados, cosa que por suerte no ocurrió… Nos despedimos de nuestro amado Opel Corsa que tan bien se había portado estos días y sobre las 21.30h despegamos hacia el aeropuerto de Barcelona. Al día siguiente regresaríamos a nuestro pueblo, Cieza, y con ello terminaba nuestro periplo por tierras bávaras y austriacas. Un viaje que nunca olvidaremos por muchos motivos y que recomendamos a todo el mundo al 100%.

A todos nuestros lectores, muchísimas gracias por habernos acompañado y recordad, si os podemos ayudar en la planificación de vuestro viaje, no dudéis en poneros en contacto con nosotros, ¡os ayudaremos encantados!

¡Auf wiedersehen!

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