Figueras – Cadaqués – Port Lligat

Salvador Dalí es un personaje que ha fascinado a millones de personas, tanto por su obra artística (que engloba no solamente pintura, sino también escultura, literatura, cine, diseño, orfebrería, teatro, publicidad y un largo etcétera) como por su propia puesta en escena. Dalí fue una creación del propio Dalí, personaje público único y singular cuando una cámara lo filmaba o cuando había algún periodista cerca. Sus excentricidades dieron la vuelta al mundo en más de una ocasión, sin embargo también existía otro Dalí, el Dalí íntimo, el de su casa, el de sus amigos y familiares, mucho más desconocido para el gran público. En cualquier caso estamos ante uno de los artistas más complejos y sorprendentes del siglo XX. Todo el mundo conoce a Dalí, y sin embargo nos atreveríamos a decir que casi nadie le conoce realmente. Si hay una manera de llegar a conocerle, aunque sea solo un poquito, esa es visitando los lugares donde creó todo su universo.

Hoy en día la ruta Dalí es recorrida por miles de turistas al año, siendo una de las rutas de artista más importantes del mundo. Nosotros fuimos primero a su ciudad natal, Figueras, donde pudimos admirar el museo que alberga una gran parte de la colección del maestro, para luego desplazarnos hasta Cadaqués, ya en la Costa Brava, y finalmente hasta Port Lligat, un pequeñísimo pueblo perteneciente al anterior, en una pequeña cala del Cabo de Creus, donde se encuentra la casa en la que vivió. Este fue nuestro itinerario desde Barcelona:

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Itinerario

Desde Sant Fost de Campsentelles (Barcelona), el pueblo donde viven los padres de Rafa, hasta Figueras (Gerona) hay apenas 1h 20 minutos en coche, solo tuvimos que coger la autopista AP-7 dirección Gerona hasta la salida de Figueras. Una vez en la ciudad buscamos un aparcamiento cercano al Teatro-Museo Dalí y vamos caminando hasta allí. De repente nos encontramos con un edificio totalmente atípico y surrealista, tanto como la propia mente que lo ideó.

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Teatro-Museo Dalí

En su fachada exterior, de unas paredes rojizas cuelgan unos panes de tres picos (panes típicos de l’Alt Empurdà), perfectamente alineados. Coronando la zona superior, figuras de maniquíes doradas se alternan con huevos gigantes. “¡Este edificio tenía que ser el Teatro-Museo Dalí!”, pensaron nuestros amigos murcianos. Antes de hacer la cola para entrar, dedicamos algunos minutos a recorrer la fachada exterior y descubrimos la enorme cúpula de cristal en cuyo centro, según el propio Dalí, se encuentra “el nuevo mundo insospechado y alucinante del surrealismo”.

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Las dos cuñadas ante la fachada del Teatro-Museo Dalí

 

 

 

Desde primera hora de la mañana una gran multitud de turistas hacen cola para entrar, día tras día, sea la época del año que sea. Por suerte llegamos muy pronto y no tardamos mucho en entrar.

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Alicia, Ana e Inma enfrente de la fachada principal, dominada por una de las figuras surrealistas que custodian la entrada

El Teatro-Museo Dalí (entrada 14€ por adulto), sede de la Fundación Gala-Dalí, fue inaugurado en 1974 en al antiguo emplazamiento del teatro municipal de la ciudad de Figueras, destruido por un incendio durante la Guerra Civil. Al parecer fue el propio Dalí quien decidió que su ubicación fuera esa debido a tres razones: la primera, porque él mismo confesaba ser un “pintor eminentemente teatral”; la segunda, porque se encuentra justo enfrente de la iglesia donde fue bautizado; y la tercera, porque fue precisamente en la sala del vestíbulo del antiguo teatro municipal donde organizó su primera exposición de pintura.

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Iglesia de Sant Pere, donde Dalí fue bautizado

Dalí diseñó y proyectó cada detalle de su teatro-museo, incluyendo la cúpula geodésica que corona el edificio (realizada por un arquitecto murciano, Emilio Pérez Piñero), no solo para que albergara su colección artística, sino también para que el visitante viviera toda una experiencia surrealista en sus propias carnes. No en vano Salvador Dalí es hoy en día recordado sobretodo por ser el pintor surrealista por excelencia, llegando a convertir su propia vida en un espectáculo surrealista que terminó con los nervios de más de uno, incluyendo los de André Breton, líder del grupo surrealista, quien acabó expulsando a Dalí del grupo.

Al acceder, llegas a un patio central al aire libre (antiguo patio de butacas del teatro municipal) presidido por el famoso Cadillac lluvioso, una obra del artista.

El coche que condujeron Dalí y su mujer Gala durante su periplo por Estados Unidos es la base para una escultura de una deidad opulenta, Esther, que sostiene las cadenas que cujetan una columna hecha a base de neumáticos. En la cumbre de la columna, hay una barca de color amarillo, la que usaba Gala en sus paseos en Port Lligat. A la espalda de la obra, se alza el escenario del teatro-museo, dominado por un gigantesco mural pintado por Dalí. Por encima de nuestras cabezas se encuentra la impresionante cúpula geodésica.

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Mural del escenario
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Cúpula de cristal justo encima del escenario

Una vez allí, Rafa llama la atención de todos sus compañeros y compañeras hacia una de las paredes, la del lado izquierdo del mural. Allí se encuentra otra de las obras importantes de Dalí, un cuadro que mirado de cerca resulta ser un retrato de espaldas de Gala contemplando el mar. Sin embargo, si uno se aleja lo suficiente verá otra cosa, un retrato del presidente americano Lincoln. Es, por tanto, una de las tantas trampas visuales a las que el pintor era muy aficionado.

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Pared izquierda del escenario, donde se encuentra el retrato de Lincoln

Justo debajo del escenario, a través de unas escaleras uno puede acceder a la cripta que alberga la tumba del genio. El asunto del entierro de Salvador Dalí es uno de los más polémicos de los últimos años en el mundo del arte: el pintor siempre dejó claro su expreso deseo de ser enterrado junto al amor de su vida, Gala, cuyo cuerpo reposa desde 1982 en la cripta del Castillo de Púbol. De hecho, esta cripta fue diseñada por Dalí para que albergara dos tumbas, la suya propia y la de Gala, ambas conectadas por un agujero subterráneo donde los amantes se darían la mano por toda la eternidad. Sin embargo, pocos días antes de su muerte, al parecer el maestro cambió de idea y reveló su deseo de ser enterrado en Figueras. El problema es que este deseo le fue revelado a un solo hombre, el entonces alcalde de la ciudad Marià Lorca, y sin un solo testigo ni acta notarial. El cuerpo del pintor, no obstante, terminó siendo enterrado en el teatro-museo con el consecuente añadido económico que eso supone para las arcas del mismo y de la propia ciudad de Figueras.

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Tumba de Salvador Dalí, en la cripta del teatro-museo

De nuevo en el escenario, accedemos a una de las salas más célebres de todo el museo, la dedicada a la actriz clásica americana Mae West. En ella, una gran fila de gente espera subir unas escaleras y mirar a través de una gran lupa. Ana, Gabi e Inma se preguntaban qué sorpresa les aguardaba allí, pues lo único especial que parecía tener aquella sala era un sofá con una forma algo extraña. Lo que ellos no sabían era que mirando por esa lupa el sofá se convertía como por arte de magia en los labios de un rostro femenino, el de Mae West, completado por una chimenea en forma de nariz y unos cuadros en forma de ojo. En definitiva, otro juego visual de Dalí que encandila a los visitantes del museo. Desde aquella perspectiva, el resultado era este:

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Rostro de Mae West conformado a través de los objetos de la sala

Nuestros amigos alucinaban y se preguntaban cómo debía ser la mente de aquel hombre que era capaz de concebir semejantes artimañas…

El recorrido del Teatro-Museo Dalí no guarda ningún sentido cronológico ni estilístico. El artista tenía la intención de que el visitante pudiera perderse en su universo surrealista. y no dejara de sorprenderse a cada paso de la visita. Nosotros no dejamos de sorprendernos en ningún momento, tanto por lo extravagante de lo que nos íbamos encontrando como por la inmensa calidad técnica de las obras del genio catalán (algunas de ellas son absolutamente memorables). En muchos momentos uno no sabe con qué cara quedarse de las muchas que tenía este hombre…

El Teatro-Museo Dalí no solo dispone de una gran colección de pintura sino también de escultura y otros objetos diversos con los que el artista realizaba juegos simbólicos y visuales muy propios de los sueños y del mundo inconsciente, fuente principal de su trabajo.

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Anamorfosis de una botella de ponche

De entre todas las salas que encierra el museo, hay algunas que merecen una mención especial, como la del Palacio del Viento, donde Dalí pintó un techo absolutamente descomunal inspirado en un poema de Maragall titulado “L’Empordà”, aludiendo a la comarca del Empordà y al viento de la tramontana. Dalí pintó este enorme techo en su casa de Port Lligat pero lo remató subido a un andamio in situ, en el museo. En él, aparecen él y Gala, vistos desde abajo.

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Parte izquierda, donde vemos a Gala
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Parte derecha, donde vemos a Salvador Dalí

Muy cerca de aquí, el propio Dalí tenía una habitación con una cama donde durmió durante los años en que el pintor convirtió el museo en su casa.

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Cama de Dalí

Otra de las salas imprescindibles que hay que visitar es la sala de las joyas, que muestra una selección de la enorme creatividad y finura de Dalí también en este ámbito. Todas las joyas exhibidas en esta sala oscura están realizadas en oro y piedras preciosas.

Tardamos más de una hora y media en visitar por completo el teatro-museo. Necesitábamos reponer fuerzas, así que a la salida nos sentamos a tomar algo en una de las terracitas de Figueras.

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Los dos hermanos Rafa y Alicia

Cogemos el coche y nos dirigimos al segundo destino del día, Cadaqués, un pueblo muy ligado también al genio empurdanés. Aunque geográficamente no está demasiado lejos de Figueras, la carretera que llega hasta el pueblo pesquero resulta muy sinuosa y accidentada, con una gran variedad de curvas a lo largo del Cabo de Creus. A diferencia de otros pueblos cercanos, Cadaqués se encuentra aislado geográficamente, y en eso radica precisamente su singularidad.

Después de casi una larga hora de camino de curvas y más curvas, nuestro coche aparca en el párking público al aire libre que hay en medio del pueblo. Empezamos a pasear sin rumbo fijo, deleitándonos con la belleza de las estrechas calles de piedra repletas de plantas y flores, con sus casas blancas, galerías de arte y bonitas tiendas. Sin duda estamos en plena Costa Brava, en uno de los pueblos más bonitos de Cataluña. Llegamos hasta la pequeña playa de piedrecitas, donde nos hacemos innumerables fotos dignas de postal.

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El mar de Cadaqués
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Pueblo marinero de Cadaqués

En pleno paseo marítimo, una estatua se yergue orgullosa. Representa al hombre gracias al cual Cadaqués es famosa hoy en el mundo entero.

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Estatua de Salvador Dalí

Decidimos bordear la costa, llegando hasta la Avenida Víctor Rahola, desde donde se pueden obtener las mejores panorámicas.

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Los cuatro amigos, con la estampa de Cadaqués al fondo
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¡Qué bonito es Cadaqués!
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Cadaqués

Cuando era pequeño, Rafa siempre decía que cuando fuera mayor viviría en Cadaqués. Tal era la fascinación y el amor por este pueblo lleno de inspiración artística. Hoy en día muchos pintores viven en Cadaqués, atraídos no solamente por el mito Dalí sino también por las sugerentes formas de las rocas del Cabo de Creus y esa atmósfera tan especial que se crea con el constante romper de las olas y el sabor a sal.

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Escarpadas rocas del Cap de Creus
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Casa Serinyana, edificio modernista en Cadaqués

Hacemos el camino inverso y buscamos sitio para comer. Decidimos tomar algo en una especie de café-restaurante que tenía un patio cubierto, muy cerca del mar. Allí repusimos fuerzas antes de seguir paseando hasta el otro lado del paseo marítimo, desde donde hay una buena vista del templo principal del pueblo, la Iglesia de Santa María.

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Inma posa junto a una de las reproducciones de obras de Dalí que se encuentran justo en los sitios donde fueron pintadas

Regresamos al coche y ponemos rumbo a Port Lligat, un pequeñísimo pueblo perteneciente a Cadaqués situado en una de sus calas. Este inóspito y aislado lugar, al que llegamos en unos 20 minutos, fue el lugar elegido por Dalí para fijar la que fue su única residencia fija desde que en 1930 comprara una pequeña barraca de pescadores. Con el paso del tiempo y a lo largo de cuarenta años, el pintor fue adquiriendo las barracas colindantes llegando a crear, como él mismo la definió, “una verdadera estructura biológica”. 

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Casa Salvador Dalí

Para visitar la Casa Salvador Dalí es aconsejable reservar con antelación ya que de lo contrario corres el riesgo de presentarte en la entrada sin posibilidad alguna de acceder. Nosotros teníamos nuestra reserva para las 16.45h, y como todavía era pronto fuimos a hacer una visita por los alrededores.

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En Port Lligat, con la Casa Salvador Dalí al fondo
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Port Lligat

Ya en las cercanías de la casa, aprovechamos para recorrer la pequeña cala desde la cual pudimos observar el paisaje que tantas veces había inspirado al genio para crear los fondos que aparecen en muchas de sus obras.

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Cala enfrente de la Casa Salvador Dalí
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Cala enfrente de la Casa Salvador Dalí
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Ana y Gabi sentados en una barca, esperando nuestro turno para entrar en la Casa Salvador Dalí

Puntuales, entramos a la visita guiada que teníamos programada junto a nuestro grupo.

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Casa de Salvador Dalí en Port Lligat

Nos recibe en un pequeño recibidor un inquilino muy especial, un oso blanco disecado que sostiene una lámpara y que hace las funciones de paragüero. Este animal revela el gusto de Dalí por la taxidermia, uno de los muchos ejemplos que están por toda la casa.

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Sala recibidor del oso, el cual fue un regalo del poeta Edward James.

Alrededor de este primer recibidor se organizan las distintas salas, que fueron añadiéndose con el paso de los años a la casa, como hemos mencionado anteriormente. Nuestro guía nos acompañó a través de todas ellas, unidas por diversos tramos de escaleras y pequeños pasadizos. Unas más íntimas como el dormitorio, los baños o la biblioteca, otras con un carácter más público, pensadas para las visitas. Todas ellas, no obstante, tienen ese toque daliniano tan extravagante y surrealista que nos atrapa.

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Sala comedor
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Biblioteca, en la que aparecen tres ocas disecadas que habían sido propiedad del matrimonio.
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Dormitorio, dividido en dos niveles. En el primer nivel Dalí hizo instalar un sistema de espejos para que la luz matutina llegara al segundo nivel. De ese modo siempre sería el primer español en despertarse con la luz del sol.

De todas las salas, quizás la más curiosa e inquietante es la denominada Sala Oval, de forma casi semiesférica, donde Gala leía, se relajaba y recibía a visitas distinguidas. Para acceder a la Sala Oval, primero se debe cruzar la habitación de las fotografías, un vestidor con armarios repletos de fotos y recortes de revistas, donde la pareja aparece en compañía de personajes de todo tipo.

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Sala Oval
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Ana en la habitación de las fotografías

También destaca el Taller de Dalí, donde el maestro pasaba largas horas dedicado en cuerpo y alma a su trabajo. El taller se ha conservado tal y como él lo dejó, con algunas obras a medio pintar, una de ellas sostenida en un caballete metálico que él mismo diseñó para seguir pintando sentado obras de gran tamaño. Tras el taller se accede a la Habitación de los modelos, en la que descansaban los modelos que acudían a la casa para posar en alguna obra del pintor.

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Taller de Dalí
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Taller de Dalí

Posteriormente el guía nos llevó a la parte exterior de la casa. Si lo de dentro ya nos había sorprendido, lo de fuera nos pareció todavía más llamativo. Pasamos al patio exterior, desde donde contemplamos un olivar en forma escalonada que ocupa toda la ladera de la parte izquierda de la vivienda y otros detalles que llamaron nuestra atención.

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Las pequeña ventana del patio exterior fue diseñada especialmente por Dalí para utilizarla como perspectiva en sus cuadros.
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Panorámica desde el patio exterior, con uno de los característicos huevos gigantes que se distribuyen por el tejado.

La zona de la piscina es el lugar de toda la casa donde más se puede apreciar el gusto de Dalí por lo popular y lo kitsch: muñecos de Michelin, carteles de neumáticos Pirelli, pequeñas fuentes con formas diversas, una larga serpiente… Todo era poco para el artista surrealista más importante del siglo XX.

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Sillón labial con fuente
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Zona de la piscina
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Zona de la piscina

Nuestra visita llegó a su fin y con ella también nuestra escapada por tierras ampurdanesas. Regresamos al coche y con él, a casa. El Castillo de Púbol, tercer lugar que conforma el famoso Triángulo daliniano, quedará para otra ocasión.

Ens veiem en una altra aventura! Fins aviat!