Excursión a Zaanse Schans, Volendam y Edam

Comenzaba un nuevo dia en Ámsterdam y nos levantamos pronto para acudir al punto de encuentro de nuestra excursión de hoy. Ayer decidimos que sería maravilloso poder explorar los alrededores de la ciudad de la mano de un autocar y de una guía experta. Hoy vamos a visitar algunos de los famosos molinos de viento holandeses (entrando en uno de ellos para comprender su funcionamiento), las extensas llanuras que parecen haber sido trazadas en su horizonte con una regla, una empresa que produce quesos artesanales e incluso una fábrica de zuecos.

Minutos antes de las 10 de la mañana el tranvía nos deja en la estación próxima a la puerta de la agencia turística, en pleno centro. Allí nos recoge puntual el autocar y la mujer que nos hará de guía durante todo el trayecto, haciendo sus explicaciones a través de un micrófono en inglés y también en español. El autocar se dirige primeramente a otro punto de encuentro donde se suben más pasajeros, al parecer somos la única familia española de toda la expedición. Ahora sí,  estamos listos para salir de Ámsterdam y dirigirnos al norte, en dirección al primer pueblo que vamos a visitar, Zaanse Schans, ubicado en la rivera del río Zaan. Llegamos en apenas media hora y al bajar del autocar tenemos la sensación de haber viajado de repente al siglo XVII. Esta localidad es famosa sobretodo por los extraordinarios molinos de viento que todavía se conservan de aquella época. La estampa es una verdadera preciosidad.

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Molinos de viento de Zaanse Schans
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Zaanse Schans

Más tarde nos llevaron a dos fábricas, una de zuecos y otra de quesos, donde dos personas muy amables nos explicaron el funcionamiento de producción de ambos productos típicos holandeses. La fábrica de zuecos resultó ser un auténtico museo de madera, mientras que en la de quesos pudimos disfrutar de una degustación de diversas especialidades. Todos excepto el padre de Rafa, ¡quien no soporta el queso!

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Fábrica de zuecos en Zaanse Schans

Nuestra próxima parada es el pueblo portuario de Volendam, a unos 25 minutos de Zaanse Schans. Por el camino hemos atravesado los pólders, nombre por el que se conocen a las tierras que los holandeses han ganado al mar y por las cuales el nombre oficial del país es Países Bajos. En Volendam nos llevan directamente a la zona del puerto, donde nuevamente nos encontramos con extraordinarios molinos de viento. En esta ocasión tenemos la oportunidad de entrar en el interior de uno de ellos y contemplar su mecanismo.

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El viento en esta zona del país es absolutamente criminal, un hecho al que los habitantes de esta localidad han sabido sacarle el máximo provecho. Nosotros, sin embargo, somos incapaces de lidiar con él de una forma honorable y cualquier intento de hacernos una foto mínimamente digna resulta infructuoso.

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Rafael luchando contra el viento y el frío, arriesgando su vida para hacerse una foto con los molinos

Subimos agradecidos al autocar y éste nos conduce hasta el centro del pueblo, donde aprovechamos para dar una vuelta y deleitarnos con sus canales y sus coloridas casitas. Sin duda éste es uno de los lugares más mágicos del país.

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Volendam

La última parada de la mañana es otro pueblo portuario, Edam, de renombre mundial gracias a sus quesos redondos. En Edam el autocar nos deja muy cerca del puerto.

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Victoria en el puerto de Edam

Allí damos un bonito paseo por las pintorescas calles del pueblo, deteniéndonos en algunas tiendas de souvenirs. Es el punto final perfecto a esta preciosa excursión. ¡Merece mucho la pena!

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Calles de Edam
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Calles de Edam

Regresamos a Ámsterdam a primera hora de la tarde, en el punto de encuentro inicial. Como aún tenemos tiempo suficiente y la madre de Rafa estaba muy interesada en visitar el Museo de los Diamantes, situado muy cerca del Rijksmuseum, pues allá que nos fuimos. No es de extrañar que podamos encontrar un museo de estas características en Ámsterdam ya que durante 400 años fue la ciudad líder en el mundo en cuanto al pulido de diamantes.

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Victoria en el Museo de los Diamantes de Ámsterdam

La visita resulta bastante interesante. El museo fue fundado por Ben Meier, de la compañía holandesa Coster Diamonds y un experto pulidor de diamantes conocido mundialmente por haber aceptado el enorme reto que supone trabajar gemas de valor incalculable para diversos monarcas. La colección que atesora el museo es bastante llamativa, incluso hay una sala que trata de recrear un diamante por dentro.

Llegaba la hora de ir al aeropuerto pero antes debíamos pasar por el hotel a recoger las maletas. Una de ellas precisamente, la que le tocó llevar al padre de Rafa, nos iba a proporcionar uno de los recuerdos del viaje. Y es que era incómoda de narices, además de grande y pesada. Después de haberla soportado aquellos días, sin olvidar que tuvo que subirla y bajarla por aquellas escaleras imposibles del hotel, de repente por la calle Rafael llegó a su límite de paciencia, que es casi infinita, y exclamó: “¡¡cuando lleguemos a casa voy a mandar esta maleta a tomar por c…!!. A él no le hizo ninguna gracia pero todos los demás nos partimos de risa…

Llegamos al aeropuerto con el tren desde la Estación Central y allí esperamos hasta que partió nuestro avión, esta vez sin incidencias, de regreso a Barcelona. Un viaje precioso e imprescindible al menos una vez en la vida, visitar Ámsterdam y todos sus atractivos. La ciudad del viento y los canales, la de los coffee-shops y el Barrio Rojo, la de la tolerancia y el arte del siglo XVII. Absolutamente imperdible.

¡Hasta la próxima!