El infierno se llama Mauthausen

ANTES DE CONTINUAR, NOS GUSTARÍA ADVERTIR A LOS LECTORES DE LA DUREZA DE ALGUNAS DE LAS IMÁGENES Y PALABRAS QUE AQUÍ VAN A RELATARSE, LAS CUALES PODRÍAN HERIR ALGUNAS SENSIBILIDADES.

Por fin ha llegado el día. No os mentiría si os dijera que llevaba desde niño esperando visitar algún día el campo de concentración de Mauthausen, donde fueron asesinados miles de republicanos españoles. Lo recuerdo como si fuera ayer: yo estaba en el instituto, tendría unos 14 o 15 años. Esa semana nos habían anunciado que iba a venir una persona muy especial a darnos una charla sobre el holocausto. Cuando llegó el día, el auditorio del instituto estaba lleno, estábamos todos impacientes. De repente apareció un hombre. Se trataba de un superviviente de Mauthausen. Yo todavía no conocía nada de aquello, pero hoy recuerdo aquel día con mucha emoción. Desde entonces estaba ansioso por que cualquiera de mis viajes me “dejara cerca” del campo de concentración para poder acercarme a echarle una visita. Y por fin, había llegado el día.

Tengo que agradecer especialmente el esfuerzo que hizo mi mujer, que estoy seguro de que sufrió más de lo que me dijo en aquella visita, al acompañarme, porque lo hizo por mí. Fue un día que jamás olvidaré, que jamás olvidaremos. Muchísima gente de mi entorno nos dice “yo sería incapaz de ir a un sitio así, demasiado dolor…” y tienen razón, en parte. Pues sigo opinando que esa experiencia merece la pena ser vivida, para no olvidar a las víctimas. Para no olvidar lo que pasó. Para contribuir a que aquello no vuelva a repetirse.

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Frases escritas por los visitantes en una de las paredes de Mauthausen

Yo me levanté ansioso aquella mañana en Sankt Koloman, en nuestra casita austriaca. El clima parecía ser consciente de lo que nos esperaba aquel día y amaneció el día más triste que recuerdo. La niebla tapaba todas las montañas que nos habían dado la bienvenida el día anterior. Hacía frío, llovía, mucho. Pero yo tenía que ir a Mauthausen, nada nos iba a detener. Salimos con el coche y la lluvia, empeñada en hacernos el viaje más difícil. Enseguida llegamos a la autopista. En aproximadamente dos horas estaríamos allí.

Itinerario

Nos costó un poco encontrar el campo, su presencia no se pregona a los cuatro vientos. En el pueblo de Mauthausen nadie está orgulloso, como es lógico. Al subir una leve cuesta, allí apareció ante nuestros ojos, la entrada del campo. Habíamos visto tantos documentales, habíamos leído tantos libros al respecto que pensábamos que veníamos preparados. Pero no fue así.

Dejamos el coche en el parking (te dan 4 horas gratis) y pasamos al centro de visitantes para hacernos con un mapa. Lamentablemente, y como ya habíamos leído en todos los diarios que hablaban de Mauthausen, no hay audioguías en español. Muy mal me parece, teniendo en cuenta que este lugar resulta un lugar histórico en la historia de España, que tantos y tantos españoles lo visitan al cabo del año. Muy mal me parece… Lo único que pudimos conseguir, un mapa con unas breves explicaciones de cada rincón del campo.

Y llega el momento. Nos acercamos a la puerta de entrada. No a la entrada principal, sino a la entrada al primer patio, el denominado patio de los garajes, el cual era utilizado por las SS para la concentración de los presos en el curso de acciones de desinfección. Justo en esa entrada, en el año 1945 justo después de la liberación, un grupo de españoles republicanos había derribado el símbolo del águila nazi que la había presidido años atrás.

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Entrada al primer patio
1945

Yo no podía creérmelo. Comencé a no atinar con el mapa. Inma me decía “no lo entiendo, siempre eres tú quien llevas los mapas y hoy no sé qué te pasa…”. Fue como si me pusiera nervioso de verdad pero sin ser consciente de ello. Al cruzar el primer patio torcimos a la derecha y esta vez sí, la entrada principal del campo. Otras imágenes vinieron entonces a mi mente, las del día de la liberación con la famosa pancarta de los republicanos en lo alto…

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Entrada principal
1945

Justo delante de la puerta principal está el parque de los monumentos, que visitaríamos después. Una vez cruzada la entrada, a mano derecha queda el denominado muro de las lamentaciones, en el cual habían de permanecer en formación los presos recién llegados al campo. Allí eran objeto de los primeros malos tratos por parte de las SS.

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Muro de las lamentaciones

En la plaza de las formaciones tenían que permanecer en formación los presos para su recuento tres veces al día. Hoy se erige, justo en el centro, un monumento conmemorativo.

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Plaza de las formaciones
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Monumento conmemorativo

En el lado izquierdo de la plaza se distribuían las barracas que estaban destinadas al alojamiento de unos 300 presos cada una, pero se llegaban a acumular hasta más de 2.000 presos. En la primera de las barracas se encontraba la secretaría del campo y la “cantina”, así como también el burdel de los presos.

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Barracas
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Barracas
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Barracas
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Barracas

En el lado derecho, en cambio, estaban las barracas destinadas a la lavandería (hoy capilla habilitada para uso religioso y espacio conmemorativo con banderas de diversos países), la cocina, las cárceles (donde se ejecutaba a los deportados y a los presos políticos) y la enfermería, que hoy en día sirve como museo.

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Capilla
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Cárceles

En dicho museo, desde el año 2013 se puede visitar dos exposiciones, una sobre la historia del campo de concentración y otra denominada el espacio de los nombres, donde están inscritos los 81.000 muertos de Mauthausen. Esta sala es sencillamente sobrecogedora.

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Espacio de los nombres
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Espacio de los nombres

Por su parte la exposición, compuesta por documentos, fotografías, dibujos de los supervivientes y objetos auténticos, nos pareció tan interesante que la consideramos de visita obligada para todo aquél que vaya. A mí personalmente, aquello que más me impresionó fue ver un libro donde al parecer se aleccionaba a los responsables nazis sobre cómo debían tratar correctamente a los presos, manteniendo en todo momento una distancia prudencial respecto de ellos.

 

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Dibujo de un superviviente
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Jeringuilla utilizada en Mauthausen

Pasamos a la parte más dura… Justo en la zona inferior de donde nos encontrábamos se encuentra por un lado, la zona de dos de los tres hornos crematorios que se conservan, destinados a incinerar los cadáveres de los presos, y por otro lado la cámara de gas, donde se asesinó un mínimo de 3.500 personas.

 

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Segundo y tercer hornos crematorios, en el piso inferior
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Paredes donde se rinde homenaje a las víctimas, justo al lado de los crematorios

Podéis creernos si os decimos que cuando uno entra en esos sitios, tu cuerpo te avisa para salir cuanto antes de allí. Es como si de una manera instintiva nos avisara de que estábamos en peligro, tan tremenda resulta la energía negativa que se acumula en esas salas.

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Panel conmemorativo de los republicanos españoles
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Cámara de gas de Mauthausen. Esta ha sido sin duda la fotografía más dura que he hecho en mi vida.

Necesitábamos salir al exterior. Una vez allí, visitamos los numerosos cementerios que ahora ocupan el lugar donde antes se encontraban otras barracas que servían para el aislamiento de los presos y zonas de cuarentena. Es en ese lugar donde puedes hacerte una idea real de las dimensiones que tenía el campo.

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Puerta del cementerio
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Cementerio

Nos acercamos hasta el perímetro para ver desde cerca la alambrada, la cual estaba electrificada con una corriente de 380 voltios. Numerosas personas encontraron allí la muerte, la mayor parte por suicidio o bien como resultado de un asesinato camuflado como intento de fuga.

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Campo de Mauthausen
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Perímetro de la alambrada
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Detalle de la alambrada de Mauthausen

Volvemos sobre nuestros pasos en dirección a la entrada y, después de contemplar desde arriba el primer patio, salimos del campo en dirección al parque de los monumentos.

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Primer patio

El parque de los monumentos surgió a partir de 1949 en el emplazamiento de las antiguas barracas administrativas de las SS. Hoy existen numerosos monumentos erigidos por diversos países, incluyendo el nuestro, y por colectivos de víctimas. Realmente escalofriante.

 

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Monumento
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Monumento
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Monumento
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Parque de los monumentos

Por si todo esto fuera poco, todavía faltaba por visitar el lugar más aterrador y también el que más ganas teníamos de ver: la zona de la cantera, con su lamentablemente popular escalera de la muerte. Esta escalera, construida forzosamente por los propios presos, fue el escenario de numerosos asesinatos. Por ella algunos grupos de trabajo de presos tenían que cargar bloques de granito y transportarlos desde la cantera al campo. El camino que conduce a la propia escalera está compuesto por adoquines expresamente irregulares, a causa de los cuales los presos tropezaban irremediablemente, por lo cual eran severamente castigados.

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Camino a la cantera
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Cantera de Mauthausen

Desde el tristemente denominado muro de los paracaidistas hubo presos que fueron lanzados por los guardias SS. Las personas asesinadas de este modo eran llamadas cínicamente por los SS como “paracaidistas”.

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Muro de los paracaidistas

Todo aquello me sobrepasaba… En ese mismo momento me vi en la obligación de rendir homenaje a todos nuestros compatriotas, así como al resto de víctimas de todas las demás nacionalidades. De modo que me dispuse a buscar dos piedras de la zona donde se encontraba la antigua cantera y cuando las hube encontrado, le di una a Inma y juntos subimos con ellas los 186 peldaños de la escalera más empinada que ambos recordamos.

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Subiendo la Escalera de la muerte

De igual forma habían actuado cientos de familiares de las víctimas, y como ellos procedimos a colocar nuestras piedras en el monumento a los republicanos españoles.

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Monumento a los republicanos españoles
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Nuestro pequeño homenaje

Con aquel acto simbólico pusimos fin a la visita, no sin antes pasar de nuevo por el centro de visitantes donde nos dimos cuenta de que podría haber mucha más bibliografía en nuestro idioma… Me compré un libro y emprendimos el viaje de vuelta. En total estuvimos aproximadamente unas 3 horas y media en Mauthausen durante las cuales nos preguntamos varias veces acerca de dos cuestiones en particular. La primera de ellas giraba entorno a cómo era posible que se conservaran aún hoy en día aquellos lugares tan llenos de horror y de recuerdo permanente de las mayores atrocidades humanas (no solo el campo de Mauthausen, sino todos los demás que aún se conservan casi intactos por media Europa…). Nos tranquiliza saber que, después de todo, estos sitios no se han convertido en una especie de “Disneyland” morboso y que el hombre conserva cierta dignidad y respeto. Además, nos causó mucha admiración el hecho de que el pueblo alemán (y austriaco, en este caso…) haya sido capaz de superar el enorme estigma que se cernió sobre él hace décadas y haya conservado estos lugares con el fin de no olvidar lo que ocurrió. No hay lugar donde no se pueda aprender más sobre lo que no se debe repetir en el futuro.

La segunda cuestión es si cabe más sencilla y directa. Aquellos que diseñaron y llevaron a cabo el holocausto eran también seres humanos. Y no hay nada más alarmante que la sensación que se te queda después de pensar que tú también eres un ser humano… ¿Significa eso que cualquiera, bajo determinadas circunstancias, podría actuar de la misma manera? Eso sí da que pensar…

Con estas preguntas rondándonos en la cabeza pusimos el coche en marcha y regresamos a la autopista. Es curioso pero en el momento de llegar allí había cesado de llover y ahora, que ya nos marchábamos, volvía a reaparecer. De hecho ya no paró en toda la tarde pero necesitábamos desconectar de esa atmósfera tan triste así que decidimos llegar hasta la localidad de Werfen para admirar su fortaleza, Hohenwerfen. Eso sí, no pudimos subir al castillo ni verlo desde cerca, tuvimos que conformarnos con admirarlo desde el coche…

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Fortaleza de Hohenwerfen
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Fortaleza de Hohenwerfen

Agotados animicamente, volvimos a nuestra casita, a disfrutar de la cena y de un sueño reparador bajo la lluvia. Esperemos que mañana amanezca un día bonito y soleado… ¡Buenas noches!

SIGUIENTE ETAPA DÍA 5