HUESCA: reino eterno del románico

No existe día en mi vida que no me acuerde al menos una vez de las escapadas que hacía con mis padres y mi hermana desde Barcelona a Fonz, pueblo aragonés donde nació mi madre, mi yaya y una gran parte de mis antepasados. Aunque nacido en Cataluña, sangre baturra corre por mis venas y eso lo noto cada vez que piso suelo aragonés. Siempre que vamos allí algo invisible y muy potente me enviste sin remedio, será el enorme peso de la herencia, un sustrato que hace que inconscientemente siempre quiera volver a acercarme a estas tierras.

Allí en el pueblo de Fonz unos amigos de toda la vida, el matrimonio formado por Ana Mari y Faustino y su hijo Daniel, se convertían en nuestros guías de excepción en mil y una aventuras por la provincia de Huesca, descubriéndonos en cada viaje una nueva ermita medieval, unas nuevas pinturas rupestres, un nuevo castillo o un nuevo pueblo abandonado. La lista nunca terminaba y siempre había algo que visitar. Allí fue, en la provincia de Huesca, donde nació mi pasión y mi amor por la historia y el patrimonio de cualquier época. Mi hermana y yo nos sentíamos como Indiana Jones en busca del arca perdida.

Allí en Fonz todo parece permanecer inalterable. Las casas, las costumbres de sus vecinos, incluso la familia Mazarico, como siempre dispuestos a llevarnos a descubrir nuevas cosas. Quizás es el único aspecto de mi infancia que ha querido resistirse a desaparecer. Por eso volver a Huesca es volver siempre a mi infancia. Por eso era tan importante para mí que Inma también la conociera, y así fue en agosto de 2011. Ella también se enamoró la primera vez que vino y por ello no le costó demasiado aceptar mi propuesta de casarnos en la provincia de Huesca, el reino eterno de mi infancia y del medievo. Así lo hicimos en pleno valle de Benasque en el año 2014.

Solo nos faltaba una cosa por cumplir, que nuestra pequeña Elia conociera la tierra de sus antepasados, de modo que este iba a ser su segundo viaje después de nuestra ruta quijotesca por La Mancha. Y si bien teníamos que pasar sí o sí por Fonz, decidimos que en esta ocasión iríamos a conocer zonas más alejadas y menos conocidas por nosotros, la parte más occidental de la provincia (parte más a la izquierda). Para esta ruta y después de dormir una noche en casa de la familia Mazarico, decidimos tomar como base la ciudad de Jaca para explorar los alrededores y el Hotel Villa Iacca como alojamiento. Este cumplió todas nuestras expectativas en todos los aspectos: inmejorablemente situado en la entrada de la ciudad (pero no muy lejos del centro histórico), moderno y dotado con todas las comodidades. Sin embargo lo mejor fue la atención brindada por nuestro anfitrión Héctor, que se ocupó en todo momento de que a Elia no le faltara de nada.

Esta es una de las múltiples rutas que se pueden hacer a lo largo  y y ancho de la provincia. Por supuesto no va a ser la única ruta documentada en nuestro blog ya que, ¡100 vidas no bastarían para abarcarla toda y conocer todos sus secretos!

¿Nos acompañas?


ITINERARIO

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